¿Por qué se inclinan las torres?

Las torres, históricamente, han representado firmeza, vigilancia, fe o poder. Elevadas hacia el cielo, son declaraciones arquitectónicas de estabilidad y permanencia. Pero, ¿qué sucede cuando comienzan a inclinarse?
En términos estrictamente constructivos, la inclinación de una torre puede ser consecuencia de una cimentación defectuosa, un asentamiento desigual del terreno o materiales que ya no soportan el paso del tiempo. Sin embargo, más allá de lo técnico, una torre que se inclina también puede leerse como un símbolo: el de una estructura que aparenta solidez, pero cuyos cimientos están comprometidos.
Las fisuras, las grietas, las deformaciones visibles en el exterior no son más que señales de un conflicto interior. El colapso no empieza cuando la torre cae, sino mucho antes: cuando algo en su interior deja de sostener lo que aparenta. Es en ese punto cuando la arquitectura, como lenguaje, puede hablarnos de la fragilidad, del error, de lo humano.
En ocasiones, conservar una torre inclinada es aceptar su historia, sus cicatrices y su resistencia. En otras, es una llamada de atención: revisar lo que hay bajo la superficie antes de que sea demasiado tarde.
Así, la pregunta no es solo técnica, sino profundamente simbólica, ¿Qué nos dicen sobre lo que construimos y cómo lo habitamos?